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Las ventas de autos en China caen 22% en 2026 y el mercado interno vive su peor año desde antes de 2020. Mientras tanto, las exportaciones suben 65%.
El mercado de pasajeros más grande del planeta acumula doce meses de caídas y va hacia su peor año en más de una década. La respuesta de sus marcas: salir a conquistar el resto del mundo.
El mercado automotriz chino atraviesa su peor momento en años. Entre enero y septiembre de 2026, las ventas minoristas de vehículos de pasajeros sumaron cerca de 13,4 millones de unidades, un 21% menos que en el mismo periodo de 2025, según la Asociación China de Autos de Pasajeros (CPCA).
Septiembre, tradicionalmente un mes fuerte, no cambió la tendencia: se vendieron 1,70 millones de unidades, 24% menos que un año atrás. Es el duodécimo mes consecutivo de caída del mercado interno.
Cui Dongshu, secretario general de la CPCA, proyecta que 2026 cerrará con unos 18,5 millones de vehículos vendidos en el mercado local, alrededor de 22% menos que los 23,7 millones del récord de 2025. Esa cifra queda incluso por debajo de 2020, el año de la pandemia. Para 2027, la expectativa es apenas una recuperación de 2%, lo que dejaría las ventas cerca de una quinta parte por debajo del pico.
Ni los vehículos de nueva energía (NEV) se salvan. En septiembre sus ventas minoristas cayeron 12% frente al año anterior, hasta 1,14 millones de unidades, aunque ya representan cerca de dos de cada tres autos vendidos en el país (67,1%). Los de combustión también retroceden: el mercado cae en todas las tecnologías.
Mientras el consumidor chino frena, las fábricas no. Entre enero y septiembre las exportaciones llegaron a 8,21 millones de vehículos, un 65,8% más que el año anterior, según la Asociación China de Fabricantes de Automóviles (CAAM). Solo en septiembre, las exportaciones sumaron 1,05 millones de vehículos, un 61,4% más que un año atrás. Las marcas chinas compensan la debilidad doméstica empujando más producto hacia Latinoamérica, Europa, Medio Oriente y el sudeste asiático.
Más oferta china buscando comprador fuera de su país implica más modelos, más competencia de precios y más presión sobre las marcas tradicionales en mercados como el colombiano. Que el gigante venda menos en casa no lo debilita afuera: lo vuelve más agresivo.